Lorenzo Sousa lleva el arte de Fito Espinosa a Machu Picchu en un tren de lujo

Lorenzo Sousa reinventa al de lujoso tren Belmond Hiram Bingham con una propuesta que lleva el arte de Fito Espinosa hasta Machu Picchu.

Fito Espinosa está emocionado, registra el momento con su smartphone y no es para menos. Su trabajo ha sido presentado al público en la estación de Poroy, la más cercana a la ciudad de Cusco (25 minutos en auto). Nos dan la bienvenida unas esculturas sobre el césped: una mujer de cabello largo en cuyas puntas están posadas unas aves; un varón con un sombrero del que le salen plantas; una media luna y un colibrí. Esas mismas figuras cubren –como si se tratase de una pintura– el extremo más divertido del tren de lujo Belmond Hiram Bingham, que opera en nuestro país desde agosto de 2003: un vagón observatorio con terraza al aire libre para disfrutar –con bebida en mano, si desea– del paisaje hasta llegar a Aguas Calientes.

Este rediseño, vale decirlo, surgió a inicios del 2018 con pinturas en uno de los coches del Eastern & Oriental Express, que va desde Tailandia hasta Singapur, como parte de Art in Motion (Arte en movimiento), la iniciativa de la casa matriz en Londres. “Quisimos plasmar esto aquí como una oportunidad para repotenciar el tren. Fito fue el inicio más importante del cambio conceptual del Hiram Bingham”, cuenta Javier Carlavilla, gerente general de trenes de lujo Belmond.

El trío Sabor y Sentimiento toca –en todo el viaje– entre 150 y 200 canciones en castellano, inglés, portugués, japonés, italiano y ruso.

Lo primero que viene a la mente cuando uno ingresa a los vagones es que estamos en el mundo del Gran Gatsby. La elegancia prima en estos coches Pullman (traídos desde Singapur en el 2000). Al estar inspirado en los años 20, es inevitable relacionarlo con lo clásico. A eso se enfrentaba Fito cuando Belmond lo llamó en abril del año pasado para que forme parte del proyecto ‘El Arte de Soñar’. “La idea era tratar de que las personas que realizan este viaje –que normalmente son turistas– tengan una relación con algo artístico. Para mí, era mostrar el lado que tiene que ver con la naturaleza”, nos dice ya con el tren en marcha.

El arte, que tomó alrededor de tres meses en diseñarse, tiene dos personajes clave. Un joven con un sombrero del que salen plantas que están unidas a una escalera que va hacia arriba, como si se perdiera en el cielo. En palabras de su autor, representa la idea del sueño que tienen los turistas –muchos de ellos vienen de diversas partes del mundo– por visitar la ciudadela inca. “La escalera es como el deseo de seguir el camino para llegar”. La otra silueta es la de una mujer cuya cabellera transfigura en elementos naturales. “Nuestros ancestros respetaban a la madre naturaleza, es la que provee todo.

M

‘El Arte de Soñar’ es especial. No solo por el tamaño esfuerzo que implicó diseñar y colocar el vinil blackout en los 21 metros de ancho por 3 metros de alto del vagón, sino también porque es una ‘obra’ para el deleite de todos. “Me conmueve pensar que las comunidades aledañas a la ruta podrán ver pasar el tren con mi trabajo plasmado y sentirse identificados con los elementos que elegí inspirándome en la naturaleza y en nuestra cultura”, publicó el artista en sus redes sociales, dando a conocer la iniciativa que estará hasta fines de abril del 2020.

La naturaleza nos acompaña en un viaje de aproximadamente cuatro horas a una velocidad máxima de 42 km/h. Ollantaytambo es la parada donde sirven el almuerzo gourmet a los 42 pasajeros. Paisajes inigualables como el nevado Verónica (5.700 m.s.n.m.), en Chilca; Piscacucho, en el kilómetro 82, donde inicia el camino inca; Pampaccawa, donde se aprecia el cambio de ecosistema; y Wiñaywayna, donde está el sitio arqueológico y un campo de orquídeas con el mismo nombre, deben ser acompañados con una copa de champagne o vino. Si no le afecta la altura, claro.

En Cusco, el tren adquiere un significado especial. No solo es un medio de transporte que circula sobre rieles, sino que también conecta a la sociedad moderna con la civilización inca. Piénselo: si quiere ir a Machu Picchu –y no por el camino inca–, la única forma de llegar es la vía férrea. Qué mejor hacerlo con un servicio cálido a cargo de ocho mozos, cuatro cocineros, tres músicos y tres bartenders, que genera en nosotros –sin darnos cuenta– un instante de felicidad.